En este epígrafe vamos a intentar hacer una propuesta de guía de
autoayuda. Con esto pretendemos llegar a los más interesados: los
atletas. Los manuales de Psicología del Deporte van dedicados a los
psicólogos otros van para los técnicos, en la mayoría de los casos,
ambos, olvidan que, en el fondo, estamos hablando, pensando sobre
personas: los atletas. Cuando pensamos en un atleta, acudimos a la
imagen -prototípica- de una persona que sigue las pautas de
entrenamiento de un técnico o grupo técnico (entrenador, psicólogo,
médico, masajista, etc.), pero ¿qué ocurre con todas esas personas que
carecen -por distintos motivos- de todas estas ventajas?.
Consideramos
importante distinguir dos situaciones, una de entrenamiento y otra de
competición. Para aquellos atletas (básicamente corredores) que no
compiten, que toda su motivación gira en torno a mejorar su calidad de
vida está especialmente diseñada esta primera parte. Para los
competidores, ambas partes podrán ser de utilidad.
En el entrenamiento. El entrenamiento es el
proceso más repetido en la vida de un atleta y el más primordial, por
eso resulta de suma importancia cuidar con esmero todos los factores y
elementos que hay a su alrededor.
Está demostrado que la mejor
manera de entrenar es, un grupo. Si entrenas solo es aconsejable que
busques alguien con quien correr (o entrenar). En el caso de que sea
imposible utiliza diversas estrategias para paliar este inconveniente:
corre o entrena por recorridos o parajes que te resulten agradables,
imagínate que corres con alguien (puedes llegar incluso a imaginarte que
estás compitiendo), si utilizas distintos recorridos -y si forma parte
del plan de entrenamiento- vete anotando las mejoras de tiempo de cada
circuito, lleva un diario de entrenamiento en el que anotes diversas
variables (tipo de entrenamiento, distancia recorrida, pulsaciones al
acabar y al minuto, peso, molestias, etc.), corre o entrena siempre a la
misma hora (evita las horas del mediodía) y -si lo permite el plan de
entrenamiento- corre sabiendo que podrías correr más rápido y más
distancia.
Si sigues un plan de entrenamiento ten constancia
siempre del tipo de entrenamiento que cada día hay que hacer y de las
indicaciones relativas a distancias (y su variabilidad), número de
repeticiones, tiempos de paso (si los hubiera), de ejecución y de pausa.
En el caso de que únicamente hagas carrera continua, corre a un ritmo
que te permita sentirte bien -disfruta de la carrera y del paisaje- y
alejado del estrés ambiental (ruido, contaminación, tráfico,
aglomeraciones, etc.).
Si corres o entrenas solo, hazlo por
parajes o circuitos cercanos a tu casa, de esta manera evitarás cansarte
o sentir pereza de desplazarte hasta un lugar lejano para correr.
Puedes hacerlo a ciertas horas especiales (al amanecer o al atardecer,
si es que te gusta ver la fiesta del sol) que te ayuden a disfrutar
plenamente.
Con independencia de si entrenas sólo o en grupo
procura siempre imaginarte (visualizar) realizando el entrenamiento o
cada parte del entrenamiento. Esto, además de permitirte entrenar mejor,
te impedirá la improvisación y con mucha seguridad bastantes lesiones.
Acude
al entrenamiento con tiempo suficiente para charlar con tu entrenador,
con otros atletas, para calentar de forma adecuada, para cambiarte o
ajustarte la ropa adecuadamente, podrás comprobar el material que vas a
usar (zapatillas de clavos, vallas, pesos, discos, jabalinas, martillos,
balones lastrados, fosos, etc.) y en general te permitirá no estresarte
más.
Durante el entrenamiento utiliza el diálogo interno o
autoinstrucciones con frases de ánimo o que te ayuden a sentirte bien:
¡Venga, ánimo, tú puedes!, ¡Venga, ánimo, ya estás acabando!, ¡Venga
<tu nombre>!, ¡ánimo lo estás consiguiendo!.
Cuando acabes
de entrenar dedica un tiempo para volver a la calma. Si es posible haz
un ligero trote descalzo por el césped o simplemente haz un ligero trote
y aprovecha para repasar mentalmente aquellas cosas que has hecho bien y
felicítate por ello. Después, puede ser un buen momento para hacer un
ejercicio de respiración relajante (ver el apartado dedicado a las
técnicas de respiración).
Para finalizar este apartado, y de
forma general, actuar de forma que no generemos en nuestro organismo más
estrés y utilizar todas las estrategias posibles para sentirnos bien
después de haber entrenado.
En la competición. La competición es
el momento para el que todo deportista se ha estado preparando durante
meses, este hecho, por sí solo hace que los atletas incrementen sus
estados de ansiedad. La competición, per se, es un situación estresante.
Si a esto le unimos la característica agónica de algunas especialidades
(medio fondo, fondo o pruebas combinadas), hace que se duplique los
estados de ansiedad de los atletas. El control de estas situaciones, el
de ciertas variables personales (autoeficacia, autoestima y locus de
control) y una correcta reinterpretación de los resultados va a permitir
o no, que un atleta disfrute de la competición. Para lo cual puede ser
importante seguir alguno o ¡todos! Los consejos:
Con antelación
suficiente a la competición y de acuerdo con tu entrenador, considerando
como has entrenado, fija tus objetivos realistas para esa competición.
Dependiendo del tipo de competición interesará el puesto alcanzado o la
marca o simplemente acumular experiencia en ese tipo de competición,
etc.
Acude a la competición con tiempo suficiente para situarte
en el escenario. Esto te permitirá comprobar la adecuación del
desarrollo de la competición al horario previsto y así poder determinar
con cuanta antelación o retraso tendrás que empezar a calentar. Además
te permitirá cambiar impresiones con tu entrenador o compañeros y poder
realizar algún último ejercicio de relajación o de autohipnosis.
Resumiendo, el objetivo en una situación estresante es controlar nuestro
nivel de estres.
Si te consideras una persona altamente
influenciable es conveniente que calientes solo o con compañeros de tu
confianza. Si calientas solo, utiliza el calentamiento para visualizarte
en competición y para repasar mentalmente todos los aspectos de la
prueba. Puedes utilizar autoinstrucciones apropiadas al momento y a la
especialidad, como por ejemplo: ¡Venga, ánimo, estamos en condiciones de
hacerlo bien!, ¡Venga, ánimo, todo va ir muy bien!, ¡Venga <tu
nombre>!, ¡ánimo, esto ya está!.
Durante el transcurso de la
competición utiliza el diálogo interno o autoinstrucciones con frases de
ánimo o que te ayuden a sentirte bien, parecidas a las ya descritas.
Evita los pensamientos negativos que acompañan a los autochequeos
físicos para comprobar como estamos. Si esto te ocurre con frecuencia,
una forma de evitarlo es decir ¡Basta! e intentar construir pensamientos
positivos. Además, conociendo hasta donde puedes llegar, debes de tener
confianza en ti mismo, ser valiente y no tener miedo.
Cuando
acabes de competir, y antes de hablar con nadie, dedica un tiempo con tu
entrenador (o psicólogo) para valorar los resultados obtenidos en
función de los objetivos propuestos. La victoria en la competición no es
el único elemento para considerar nuestro éxito. El lector deberá
revisar la historia con la que comienza el capítulo dedicado a la
influencia social en el libro de Antonio Hernández Mendo (2001)
Psicología Deporte. Fundamentos y Aplicaciones. Después para volver a la
calma, si es posible haz un ligero trote descalzo por el césped o
simplemente haz un trote y aprovecha para repasar mentalmente aquellas
cosas que has hecho bien y felicítate por todo lo que has conseguido.
Después puede ser un buen momento para hacer un ejercicio de respiración
relajante

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